El poder de la compasión
“Si quieres que otros sean felices, practica la compasión. Si quieres ser feliz, practica la compasión”. (Dalai Lama)
Hace unos días le conté a mi padre que estoy haciendo un programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión que me está ayudando mucho a transitar el duelo de la pérdida de mi bebé hace 8 meses de forma consciente.
Mi padre, extrañado, me preguntó qué nos enseñaban en el curso pues pensó que estaba enfocado a no compadecerse de uno mismo… La compasión es muy poderosa y es un concepto muy mal entendido en nuestra sociedad. Siento que debemos integrarlo como parte fundamental de un camino de crecimiento personal y de relación con los demás para lograr una mayor plenitud.
Personalmente, aprender el verdadero sentido de la compasión me ha ayudado a sostener el dolor cuando lo he sentido, a abrazarlo con conciencia amorosa y a quererme con mis luces y mis sombras mirándome de forma compasiva y amable durante todo el tránsito.
Sé compasiva contigo misma
Sentir compasión por nosotras mismas es ofrecernos amor y aceptación dejando de lado el juicio y el autocastigo. Siempre cuando cometes errores puedes autoflajelarte o aceptarlo y perdonarte estando dispuesta a aprender de ellos. La compasión implica tratarte con comprensión cuando has cometido un error, así como tratarías a un niño.
Ser compasivas hacia nosotras mismas no es pretender que nuestros errores no tienen consecuencias sino todo lo contrario. Confundir autocompasión con autoindulgencia es un error muy común. Lo primero tiene que ver con conectar con tus necesidades para atenuar el sufrimiento inherente a la vida pero la autoindulgencia es benevolencia hacia uno mismo mal enfocada. Es lo que Pema Chödrön denomina “compasión idiota”, una actitud condescendiente que, a la larga, termina dañándonos o frenando nuestra evolución.
Cuando me acepto como soy puedo cambiar
La autocompasión te ayuda a aliviar el sufrimiento a largo plazo. Preguntarte cómo te tratas cuando has cometido un error y observar tu voz autocrítica (qué haces contigo, qué te dices, …) es una buena forma de evaluar cómo la gestionas. Casi siempre pensamos que necesitamos criticarnos para motivarnos pero eso nos lleva a perder autoconfianza y a sentir un profundo miedo al fracaso. Sin embargo, cuando me acepto como soy puedo cambiar.